Los canales hidráulicos que surcan las dos vertientes de los montes Aquilianos tienen su razón de ser en las minas de oro que existieron en tiempos de los romanos en el paraje de Las Médulas.

El yacimiento minero de Las Médulas comprende no solo las zonas de extracción, tan llamativas en sus restos actuales de barrancos, galerías y acantilados rojos, sino también extensas áreas de lavado y acumulación de estériles, así como una asombrosamente extensa red de abastecimiento hidráulico, con más de 600 km de trazado.

Peña Escribida

Canal romano de peña Escribida.

Los canales romanos terminaban en grandes depósitos desde los que se distribuía el agua para abatir los aluviones auríferos y procesar los derrubios. La montaña, así convertida en una masa de lodo por la acción del agua, era conducida hacia los canales de lavado (las agogas de Plinio), donde se recuperaba el oro por decantación, evacuando los estériles hacia los valles circundantes.

Canal en Peña Escribida

Uso del agua

No existe mejor referencia para comprender el modo de funcionamiento y la importancia del agua para la mina de Las Médulas que recurrir a las descripciones hechas por el naturalista romano Plinio, en su obra “Naturalis Historia”, escrita en la segunda mitad del siglo I.

Las Médulas

Este autor visitó el noroeste de la península Ibérica y describió en detalle el trabajo en las explotaciones auríferas, recurriendo en gran parte, sin duda, a lo que pudo ver con sus propios ojos en Las Médulas:

Y de repente se forman grietas que provocan derrumbes aplastando a los obreros, de modo que parece ya menos temerario buscar perlas y múrices en el fondo del mar. ¡Hasta tal punto más peligrosa hemos convertido la tierra! Por esta razón se dejan numerosos arcos para sostener la montaña (…).

Galería en Las Médulas

“…El tercer procedimiento superaría los trabajos de los Gigantes. Por medio de galerías, que lleva mucho tiempo hacerlas, se perforan los montes a la luz de las lucernas; estas son la medida de los turnos de trabajo, y durante muchos meses no se atisba la finalización de esta fase. A este tipo de explotación lo llaman “arrugias”.

El uso combinado del agua y un sistema de galerías subterráneas para derrumbar grandes masas de sedimentos aluviales ha dado lugar a la formación de grandes acantilados, con alturas que pueden alcanzar o superar los 100 m.

Torres de Las Médulas

(…) Acabado el trabajo, abaten los soportes de los arcos comenzando por el último. De esto un derrumbe da la señal y un vigilante que está solo en lo alto de dicha montaña lo percibe. Este, con gritos y señas, manda evacuar los trabajos y, al mismo tiempo, él baja a toda prisa.

La montaña cae desmenuzada por sí misma con un prolongado fragor, tal que la mente humana no es capaz de concebirlo, a la vez que con un golpe de aire increíble. (sc. Los mineros) contemplan victoriosos el derrumbamiento de la naturaleza. Sin embargo, no tienen oro todavía, de la misma manera que no supieron que lo hubiese mientras socavaban, pues la esperanza de encontrar lo que ansiaban era motivo suficiente para afrontar tan grandes peligros y costes.

El sistema de explotación de arrugia, utilizado en Las Médulas, da lugar a extensas acumulaciones de escombros procedentes del lavado del material aurífero, que pueden cifrarse en decenas de millones de metros cúbicos, como se comprueba en el Chao de Maseiros.

Chao de Maseiros

Todavía queda otra labor en el llano. Se cavan fosas por las que fluya la corriente de agua (se llaman “agogas”); éstas se cubren a intervalos con urce. Se trata de un arbusto semejante al romero, que por su aspereza retiene el oro. Los lados se cierran con tablas y por los lugares escarpados se suspenden los canales.

Fluyendo de este modo, la tierra se desliza en el mar y el monte derruido desaparece, y por estas causas Hispania ya ha hecho avanzar gran cantidad de tierras hacia el mar. Los escombros que en el primer tipo de explotación se extraen con un inmenso esfuerzo para no obstruir los pozos, en éste se evacuan mediante el agua.

El oro encontrado por arrugia no se funde, sino que por sí mismo ya lo es. Se encuentran así pedazos de oro que incluso exceden de diez libras, como en los pozos; los llaman “palagas”, otros “palacurnas”, los mismos que llaman “baluce” al oro en polvo. El urce se seca, se quema y su ceniza se lava sobre césped abundante en hierba colocado debajo para retener el oro”.

De forma previa al derrumbe programado de una masa de sedimento aurífero, los mineros excavaban con punteros, cinceles y picos de hierro largas galerías horizontales en las entrañas del yacimiento.

Galería en Las Médulas

A pesar de que Plinio no lo menciona de forma expresa, el agua se utilizaba de forma masiva en todas las fases de trabajo en la mina de Las Médulas, incluida la fase inicial de desmoronamiento del terreno. Atendiendo a las evidencias, tomadas de la actual disposición residual de galerías, estanques y canales de abastecimiento, el agua era regularmente introducida en la masa de aluvión a través de una red de galerías horizontales dispuestas de forma estratégica, produciendo como consecuencia el derrumbamiento intencionado de un sector de la montaña.

En este proceso intervenía tanto la capacidad erosiva del agua, como la expansividad de la matriz arcillosa de los conglomerados auríferos, que adquiere un comportamiento plástico al absorber cantidades significativas de agua. De este modo se conseguía desestabilizar el macizo desde su base, siendo el propio peso de la masa suficiente para ocasionar el derrumbe de enormes bloques de sedimento.


Evolución histórica

El estudio del yacimiento minero de Las Médulas en su conjunto (teniendo en cuenta desde su formación geológica, hasta las características de su red de abastecimiento hidráulico, pasando por el análisis de los restos arqueológicos actuales) conduce a interesantes conclusiones acerca del modo en que fue explotado a gran escala, así como de las distintas fases en las que se desarrolló el trabajo.

Una red muy extensa de canales

De este modo, es posible comprender la necesidad y la razón de ser del sistema de canales que fue necesario construir para abastecer la mina, con enorme esfuerzo y sacrificio, permitiendo así sostener la actividad en todo momento.

Del mismo razonamiento se desprende también la evidencia de que el yacimiento fue explotado de forma rigurosamente planificada y por etapas, hasta acabar siendo clausurado de forma programada y deliberada debido al agotamiento de sus reservas.

Segunda mitad del siglo I

Se sabe que la mina de Las Médulas comenzó a ser explotada a principios del siglo I de nuestra era, pero no existe consenso a la hora de determinar el momento ni las causas de la finalización de los trabajos.

Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los autores se decantaban por la permanencia de la actividad minera hasta el siglo III, asociando su final a la crisis monetaria que en esa época hizo caer el valor del oro en el Imperio Romano.

La Mina de Lamas de Cabrera

Otras evidencias, basadas en el estudio sobre el terreno de la red de canales hidráulicos, señalan en la dirección opuesta. Así, en el año 2002 fue descubierto un importante complejo de minería romana que combina actividad en superficie y subterránea en el entorno de Llamas de Cabrera.

El estudio de este segundo yacimiento sacó a la luz un tejido de canales hidráulicos propio de aquella mina e independiente de los canales de Las Médulas. El funcionamiento de esta segunda red de canales rompe por completo la red de abastecimiento de Las Médulas, lo que impediría la actividad en este yacimiento y permite inferir que la mina de Las Médulas habría de haber sido abandonada con anterioridad.

Vías de comunicación (carriles)

Una vez paralizada la actividad en Las Médulas y tras la caída del Imperio Romano, las grandes infraestructuras desarrolladas para aquella explotación mantuvieron todavía cierta influencia sobre su entorno.

Así por ejemplo, su extensa red hidráulica fue reutilizada parcialmente como vías de comunicación (llamadas carriles) que daban servicio a una buena parte de los actuales núcleos de población.